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¿Suenas o sueñas?

manos con artritis

Desde pequeña he estudiado música. Lo dejé cuando empecé la universidad, no tenía tiempo suficiente y además mis dedos estaban muy afectados por la artritis psoriásica. Siempre recuerdo en mi casa escuchar una y otra vez a Julio Iglesias. Mi abuela Carmen, esa gran mujer coraje de las de antes, solía inundar su huerta de copla procedente de una vieja radio. De mi hermano he heredado gran parte de mis gustos musicales, lo cual le agradezco mucho. Mi padre, siempre alegre, me enseñó a silbar ya muy pequeña. Iba de tono en tono, confundiendo melodías, buscando las notas en el piano, enseñando a los compañeros de instituto en mi cuerda de contraltos adolescentes.

La música siempre me ha acompañado y siempre lo hará. No sé crear sin música, necesito eso que solo consiguen algunas pocas personas, algunos paisajes y algunos sonidos: removerme el alma.

MI música además está asociada a un momento cierto de mi vida, selladas a fuego en ese rincón del alma que mueve mi motor, ¿cómo olvidarlos?

Y hoy estaba pensando en que hay dos tipos de gente: la que suena y la que sueña.

No está mal soñar, yo de hecho sueño cada día y por la noche prefiero dormir. Es necesario imaginar que podemos cambiar y mejorar las cosas, que tenemos la capacidad de conseguirlo y generar la ilusión y las ganas de hacerlo.

Pero no nos basta con imaginar lo felices que seríamos. Además hay que hacer ruido, hay que sonar bien fuerte, hay que gritar incluso si se tercia.

Así que las próximas semanas, los próximos meses, espero poder sonar y sonar mientras siempre, sigo soñando.

Porque los sueños, sueños son. Y si no despertamos para hacerlos realidad, nos perderemos lo más bonito del concierto.

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