Psoriasis / Salud / Pacientes

Ella, la que nunca será

Extracto del relato "Mario, Leo y Ella"

Extracto del relato “Mario, Leo y Ella

Prefiero no ponerte nombre, porque así me resulta más fácil asumir que nunca existirás. Prefiero no imaginar tu preciosa carita sonriente porque eso me ayuda a aceptar que no formes parte de mi vida. Prefiero no imaginarte sentada en el coche, mamando entre mis brazos, llorando al despertar o luciendo tu primer lazo en tu hermosa melena.

Es difícil renunciar a algo que nunca has tenido, que deseas con fuerza y sabes te hará feliz. Resulta doloroso imaginar cómo habría sido nuestra vida juntas, preciosa mujercita. Pensar en tu infancia con tus hermanos, la pequeña de la casa. Saber que habríamos tenido esa relación tan especial, capaz de lo peor y de lo mejor del ser humano que tienen las madres y las hijas, esas etapas de gran distancia y de total unión femeninas.

Sin embargo, a veces me siento débil y cedo a mis deseos más íntimos y me sorprendo imaginándote en casa. Te veo claramente, pequeña. Estás sentada en tu mesa, leyendo un libro. No tienes edad. Me miras con esos ojos profundos, algo tristes pero cargados de promesas, de futuro. Me preguntas por qué no he querido tenerte, por qué no he sido capaz. Yo no puedo contestarte, la culpa inunda mi alma.

Yo tengo psoriasis y tengo artritis psoriásica y probablemente las tendré toda mi vida. Tengo también una familia, dos hijos maravillosos. Trato de luchar por mi salud y lo hago por mí misma pero también por ellos, para ser tan capaz como cualquier madre de cuidar de mis hijos y velar por su bienestar.
Siempre he querido tener una hija y también quería tener tres hijos, Mario y Leo son tan maravillosos que una tercera en casa seguro hubiera aumentado nuestra felicidad.

Pero no puedo hacerlo. Por primera vez en mi vida voy a dejar que la psoriasis me venza y me impida cumplir un sueño, porque he aprendido que a causa de esta enfermedad, tengo ciertas limitaciones que odio reconocer pero no por eso dejan de existir. No puedo permitir que la psoriasis me invada de nuevo y me impida cuidar de mis dos hijos. No puedo permitirme otra hospitalización, poniendo en grave riesgo mi salud.

Así que solamente vivirás en mi corazón, ¿sabes? es lo que le cuento a tu hermano Mario cuando me pregunta: Mamá, antes de nacer, ¿dónde estaba yo? Y yo contesto: “En mi barriguita”. Y él insiste, “¿pero y antes? Y yo: “En mi corazón”. Ahí llevo conmigo a algunas personas, todas muy importantes para mí. A veces me hablan, me aconsejan, me inspiran o me repugnan. Todas me han marcado, han supuesto algo maravilloso o traumático en mi vida, han dejado una huella profunda en mí.

En un bonito rincón estás tú, hija. No has podido llegar a existir, ninguna norma te reconoce, no tienes derechos ni entidad, pero me acompañas cada segundo de mi vida.

Me recuerdas cada día que no se pueden cumplir todos nuestros sueños, que la psoriasis te hace más fuerte y puede ser tu aliada y compañera en esta vida, pero que por supuesto te resta muchas posibilidades, muchas ilusiones y te limita en mayor o menor medida tu existencia.

Cariño, no sufras nunca por ello, mi vida es fascinante aunque no estés aquí. Cada día aprovecho al máximo lo que se me ha dado, trato de vivir y repartir todo este amor que se me ha quedado sin dueña.
 Con psoriasis y sin ti, sigo mi camino, ¿a dónde me llevará? No conozco el destino, es parte del misterio de esta maravillosa vida.

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