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El paciente frente al espejo

espejo

Hace unos días tuve la suerte de poder asistir a uno de esos momentos en que dos personas que no tienen muchas cosas en común se encuentran frente a frente. Eran dos individuos muy diferentes: hombre y mujer, diferentes edades, trayectorias y oficios. No se parecían en nada, la verdad. Sin embargo esas dos personas tenían algo que les hacía iguales, les unía desesperadamente.

Mientras conversaban y reían yo notaba cómo trataban de evitar el asunto de su enfermedad delante de mi. Claro, yo no era como ellos, no eran pacientes de psoriasis y ciertamente me sentí como una intrusa, alguien que observa por el ojo de la cerradura una escena íntima.

Porque de forma imperceptible pero inequívoca esas dos personas estaban unidas por la experiencia vital del sufrimiento y la lucha que imprime una enfermedad como es el cáncer.

El diálogo no pronunciado, los gestos, las miradas de comprensión, el aliento sentido en el otro… me hicieron sentir como quien ve una película, se implica en la trama, se siente identificado e incluso siente como los personajes, se emociona, se solidariza y experimenta pero que por mucho que se empeñe, no está viviendo la historia en su propia piel.

La experiencia insustituible del paciente, única en cada caso, pero con numerosos aspectos en común dentro de una misma patología, hace que las personas que han recorrido un mismo camino establezcan un vínculo especial, dos almas tocadas que se apoyan para encontrar el consuelo de lo que perdieron.

Ahora pienso que es lo que debía querer explicar Naytiri en la película Avatar cuando el protagonista, Jake Sully, se une a su Toruk: ya son uno, piensan igual. Ese lazo no se puede romper. Se entenderán sin hablar. Se confortarán para siempre.

Al fin y al cabo, los que están alrededor de nuestra patología aunque necesariamente nos apoyan y pueden aportar mucho, solo llegan a ser espectadores de nuestra experiencia vital con la enfermedad.

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  • Quisiera comenzar agradeciendo el post, ya que puedo decir que me siento identificado en lo que comentas. Es cierto que entre personas de la misma patología no es necesario decir muchas palabras para saber de lo que se está hablando, como si fuera otro idioma.

    Aunque he de decir que no estoy del todo de acuerdo con la afirmación de que esas dos almas se apoyan para encontrar consuelo de lo que perdieron. Desde el diagnóstico de mi diabetes muchos han sido los cambios que he tenido que variar y muchas las cosas de las que de las que tengo que estar pendiente no solo en mi día a día, sino en cualquier evento en sociedad o proyecto de futuro. La necesidad de adaptación y planificación de cada cosa que hago podría desquiciar hasta al más paciente y meticuloso, pero pese a que parezca que la situación la pinte muy negra, quiero pensar que tras mi diagnóstico no todo es pérdida.

    Puedo enumerar las cosas que he ganado, mi patología me ha brindado la oportunidad de adquirir valores como la constancia, el cuidado de uno mismo, el tener la capacidad de poder darle importancia a las cosas que merecen la pena, a ver que las cosas materiales son solamente eso, materiales. Brindar la oportunidad de poder ayudar (quiero pensar que mucho) a personas en mi misma situación, a comprender mejor a las personas que están en situaciones parecidas a la mía, poder ver el mundo más real y no como nos lo pintan cuando somos pequeños, aceptarlo y seguir adelante. A aumentar mi capacidad de superación frente a las adversidades, a valorar a las personas. Y, sobre todo, a ser más humano, tener la oportunidad de conocer gente que ha sido capaz de aprender de su enfermedad y establecer fuertes lazos que de ninguna otra forma se hubieran establecido.

    • Gracias a ti, Luismi, por enriquecer el blog con tu punto de vista! Efectivamente, voy a tener que darte la razón. Como consecuencia de la enfermedad, yo he sido capaz de darle la vuelta a la situación y como te ha ocurrido a ti, he crecido mucho y he añadido a mi vida personas ya esenciales en ella. Lo que quería decir con que encuentran el consuelo de lo que perdieron, es que muchas veces los pacientes no expresamos nuestro dolor ni sufrimiento, porque no sabemos o no queremos dar pena. Y cuando encuentras a alguien que lo ha vivido como tú, no es necesario explicarlo. Ambos comparten esa experiencia sin tener que explicarla…y eso consuela mucho, la verdad.
      Por eso, me quedo con las personas que se apoyan. Con los solidarios. Con la gente como tú que enfoca su experiencia con la enfermedad para ayudar a los demás. Sigamos esa línea, Luismi, un abrazo!!

    • Alfonso Aguarón

      Estoy bastante de acuerdo contigo Luismi. Creo sinceramente que la experiencia individual de cada persona a la que se le diagnostica una enfermedad, llámese cáncer, diabetes o psoriasis, impacta de manera bastante diferente en cada paciente. Con todo y con eso, sí que es cierto que en muchos casos, especialmente en el momento del diagnóstico, los pacientes suelen buscar a otras personas con su misma enfermedad. Pero creo que más allá del “nexo espiritual” esto se reduce a la necesidad innata del ser humano de no sentirse solo frente a una situación adversa como es el diagnóstico de una enfermedad.

      ¿Qué saca de cada una de las personas? Particularmente creo que muchas enfermedades actúan como el glutamato, potencian el “sabor auténtico” de cada persona. Quien tiene alma de luchador, lucha todavía más; quien es un egocéntrico, se tiende a volver más egocéntrico; quien es un pusilánime, se bloquea y delega las decisiones en otros. En definitiva, los humanos somos seres muy raros y particulares y las enfermedades, por encima de cualquier cosa, son circustancias. Unas más duras, otras menos… pero circustancias a fin de cuentas.

      • Grande Alfonso. La teoría del glutamato, propuesta a discutir a tres bandas, esta de diabetes, cáncer y psoriasis no pinta nada mal (: Cierto que la enfermedad es una circunstancia más en la vida, o debería serlo porque para muchas personas no es “una más”, la salud (en sentido amplio) influye definitivamente en el desarrollo personal, las condiciones de vida e incluso puede modificar tu propia personalidad. Así que sí, yo soy yo y mis circunstancias, incluida la enfermedad. Pero atento que hay cosas que nos afectan por encima de otras. Y para mí, sin duda la salud es una de ellas.

  • Letty Lopez

    No puedo evitar el comentar este escrito ya que como paciente he vivido esa experiencia en múltiples ocasiones. Y analizando un poco tu reflexión me inclino a comentar el valor de escuchar y aprender del que ha vivido experiencias similares desde distinta perspectiva. Ambas personas se comunican con palabras y de manera no verbal seguramente. Por esta y otras razones la literatura recomienda la formación de grupos de apoyo para el manejo de enfermedades crónicas. Es terapeutico escuchar y ser escuchado. Un abrazo.

    • Querida Letty, ni se te ocurra evitarlo, agradecida por tus comentarios!! Y creo que das en el clavo. Los grupos de apoyo mutuo son esenciales para que las personas gestionemos mejor nuestra enfermedad y evitemos la soledad, que además en la psoriasis es una gran barrera a superar. Espero pronto practiquemos esta terapia juntas, amiga. Abrazo!

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